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En
lo que va del año 134 personas han muerto al intentar llegar
a España por mar. Las fotografías ganadoras del
premio “Fotopres” de Fundación La Caixa, “Morir
tan cerca, secuencia de un naufragio” (de un fotógrafo
free lance argentino) de este año son un buen testimonio
de este drama que se produce casi cada día en la frontera
marítima al sur del país. Y a eso se suman otros
tantos inmigrantes, que si bien su viaje no es tan peligroso ni
dramático, ya que llegan en avión, vienen a buscar
lo mismo: un futuro.
La mayoría de los inmigrantes tenemos algo en común:
nos fuimos de nuestros lugares de origen por el mismo motivo.
Nuestros países asfixiados por una deuda externa impagable,
corrupción, guerras civiles, falta de trabajo, de vivienda,
hambre, enfermedades… en síntesis, por la falta de
futuro, y cuando no hay futuro todo da igual, así que arriesgarse
a cruzar una frontera enfrentando a la muerte es preferible para
muchos a morir de a poco en otro lugar. Mujeres en avanzado estado
de gestación para que sus hijos nazcan en Europa, niños,
jóvenes…
Y cuando finalmente se logra el ansiado sueño: cruzar la
frontera y llegar a la “tierra de leche y miel” llamada
España es para encontrarse con que uno es un indocumentado,
vive como puede en pisos de alquiler con otros veinte, víctima
fácil de trabajos temporales mal pagos y en pésimas
condiciones y a veces se da cuenta de que se encuentra todavía
muy lejos de alcanzar el sueño de “vivir en el primer
mundo”.
Europa no quiere inmigrantes, a pesar de su larguísima
y no tan lejana trayectoria de inmigración hacia otros
continentes, a pesar de haber explotado tanto humana como físicamente
a esos mismos países a los que ahora les cierra las puertas,
la Comunidad Europea pone el grito en el cielo porque demasiada
gente va a desestabilizar su economía y crecerá
el índice de desempleo y sus niños tendrán
que compartir las aulas con niños de otro color y el paisaje
urbano cambiará y se escuchará otra música
y otros olores y sabores y otros idiomas.
Pues si la Comunidad Europea está muy preocupada ante esta
ola de inmigración debería preocuparse para que
esos inmigrantes no tengan motivos para querer irse de su tierra.
Los presupuestos destinados a cooperación al desarrollo
son insuficientes y está comprobado que con “caridad”
no se soluciona nada. Es loable la obra de muchas Ongs, pero de
nada sirve reclutar médicos europeos para que vayan de
“vacaciones” unas semanas a una aldea perdida de algún
país africano a atender un puesto sanitario y vuelvan a
sus casas en las ciudades europeas pasmados de la miseria que
puede haber en el mundo si esos enfermos a l os
que atendió en sus “vacaciones” siguen tan
enfermos como antes. Habría que otorgar recursos para becas
para que africanos estudien medicina y puedan atender a su gente
y en vez de combatir los brotes de cólera por la falta
de agua potable, habría que destinar recursos para construir
plantas potabilizadoras de agua y así con todo…
Quizás sea hora que Europa devuelva aunque sea una mínima
parte de lo que sacó de las “colonias” y le
de una oportunidad a los países oprimidos a sobrevivir
en este
mundo cada vez más inhumano.
Si esto sucede, seguramente ya no será necesario cerrar
las fronteras, ni entregar “papeles para todos” ni
morirá mas gente innecesariamente.
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