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Los últimos y trágicos acontecimientos
en los EEUU, tras el paso de un huracán, dejan claramente al descubierto
dos cosas: un camino de dolor y muerte para miles de seres humanos, cosa
que los humanistas de todo el mundo lamentamos profundamente; y por otro
el fracaso estrepitoso de un modelo económico, social y cultural
que ha pretendido ser el sistema a aplicar durante el siglo pasado y principalmente
en las ultimas décadas donde se consideraba así mismo como
“el único a seguir”.
Gracias a la red de comunicaciones que ya deja pequeño a nuestro
planeta, millones de ciudadanos, incluidos los de los propios EEUU, han
podido asistir atónitos no solo la magnitud de la tragedia humana
sino a la impotencia total de la supuesta primera potencia para dar una
respuesta mínima y coherente.
La misma población norteamericana se pregunta ahora por la conveniencia
del gigantesco despliegue de medios y hombres en Iraq, que incluye el
95 % de la Guardia Nacional, que se supone es la encargada de la “seguridad
interna” del país.
También resulta difícil ocultar ya por más tiempo
las sangrantes desigualdades económicas y la creciente pobreza
de millones de norteamericanos, sobre todo entre los miembros afroamericanos.
Efectivamente, los que quedaron en la ciudad sin poder escapar fue simplemente
por carecer de recursos suficientes para hacerlo. Será difícil
ya dejar de relacionar esta coyuntura con el hecho de que en Nueva Orleans
hay nada menos que un 28 % de pobres, de los que el 85% son negros.
Pero la cosa va mucho más lejos: pudiera ser que su sistema sea
injusto (pobreza interior) y depredador (militarismo exterior), pero aún
así se podría sostener (aun con cinismo pero con cierta
consistencia practica) si este modelo funcionase... pero no funciona.
Que grotesco y humillante resulta comprobar que estos huracanes son detectados
por los científicos norteamericanos todos lo años, y que
periódicamente otros países del Caribe los sufren. Pero
países más pobres como Cuba, sabe organizarse y el pasado
huracán solo dejo en la isla 4 muertos. En esos momentos, Cuba,
México, Venezuela han ofrecido ayuda, y el gigante del norte la
ha rechazado con una soberbia que era previsible.
No nos encontramos pues ante una coyuntural torpeza más de Bush,
sino con la lógica aplastante de los procesos históricos.
Si desde su fundación los EEUU apostaron por el modelo del liberalismo
económico, y tras aislados experimentos más socializadores
como los del New Deal, acabaron abanderando al neo liberalismo que en
realidad fue un ultraliberalismo. Y esto ha implicado por sobre todo que
cualquier intento de planificación quedaba en manos de las grandes
corporaciones económicas, quitando poder a las instituciones gubernativas
o civiles. Todo intento de visión social fue degradado como “socialista”,
no haciendo falta más explicaciones tras el fracaso de ese bloque
a finales el siglo pasado. Reagan lo explico sin tapujos: “El Gobierno
no es la solución a nuestros problemas... El Gobierno ES el problema”.
De esta forma se dejaba paso no solo a un modelo económico y empresarial,
sino a todo u tren de intangibles que dejaba huérfano de ayuda,
compasión y comunicación al ciudadano, en pro de valores
como “competitividad”, “individualismo”, “autosuficiencia”,
“eficacia”, “beneficio” etc.
Hoy millones de personas se preguntan: ¿dónde esta esa eficacia
y esos beneficios?. Porque esa sociedad que ha dejado todo en manos de
la “libertad de mercado”, no tiene previsto mecanismos comunes
de ayuda para casos excepcionales... ni para los casos habituales de creciente
miseria y violencia. Y no se trata de que la gran potencia no tenga recursos
económicos, es que han educado a sus poblaciones con códigos
tan pragmáticos, inmediatistas, y oportunistas que toda aquella
actividad que no deje beneficios económicos inmediatos no será
realizada por nadie, por la propia lógica de esas premisas. ¿Qué
multinacional se hará cargo de la miseria si eso no se traduce
en el capitulo de ganancias a fin de año? Otra cosa es que, por
supuesto, ya alguna empresa este preparando un película sobre el
tema y otra haciendo un importante donativo a las víctimas que
repercutirá en buena imagen y en deducciones fiscales... pero esto
no resuelve el problema solo resalta más lo perverso del modelo.
¿Y que pasara ahora? ¿Que respuesta dará el sistema?
Ya la esta dando: la violencia. Los humanistas llevamos años advirtiendo
que la lógica del neoliberalismo les llevaría a su colapso
por saturación y que después empezarían a “disciplinar”
el caos que ellos mismos han creado. Y ya lo estamos viendo: la única
respuesta que el gobierno sí está cumpliendo “con
eficacia” es la represión. Como si el problema real fuese
esa minoría de personas que en cualquier situación trágica
tratan de aprovecharse. Ahora tratan de exagerar el numero de robos y
delitos, cuando la mayoría de la gente represaliada solo trataba
de buscar agua y comida, algo lógico después de la catástrofe
(natural) y la siguiente ineficacia del sistema (y esto no es “natural”
sino social, o sea, elegido).
Por si alguien aun no se ha dado cuenta, después de leer en los
libros escolares “La caída del imperio Romano” y después
de ver en televisión la caída del muro de Berlín,
estamos asistiendo, retransmitida en directo para todo el planeta, la
caída (el hundimiento) de este supuesto Imperio, que ha quedado
ya para la historia como un vulgar intento de imperio, porque les ha faltado
grandeza de miras, visión de proceso y nivel humano.
Pero no os engañemos, esto no solo afecta a los EEUU. Aquí
en Europa, y en otras latitudes, fenómenos como la inmigración
imparable (fruto del crecimiento económico internacional injusto
y desordenado), es tratado como un problema de mafias y de orden publico,
fomentando el racismo y la xenofobia, y no como a un fenómeno histórico
que visto en proceso es comprensible y que bien direccionado puede ser
tremendamente enriquecedor. Y frente al fructífero intercambio
entre culturas, lideres políticos y religiosos de ambos bandos
se empeñan en relanzar viejas cruzadas.
Mientras tanto, miles de víctimas en Nueva Orleans, desesperados,
ven como se hunde su vida, su futuro, sus creencias sobre “la grandeza
de su país”, y sin saber a quien o a que culpar claman al
cielo pidiendo ayuda o interpretan los hechos como “un castigo divino”.
Cuando las referencias sociales han fallado, la gente busca por todos
los lados. Ojalá esa búsqueda no sea una huida hacia lo
irracional y lo supersticioso, sino que se dirija al interior del ser
humano, a lo mejor de cada uno, impulsando el surgimiento de una nueva
cultura que ya no tenga por centro al beneficio económico de unos
pocos sino al bienestar real de todos los seres humanos del planeta. Y
esta nueva utopía la construiremos entre muchos y ya tiene nombre:
La Nación Humana Universal.
Madrid, 6 de septiembre de 2005
Nacho Martínez
Partido Humanista. Secretaria de Institucionales
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